Desastre. Una pesadilla. Ha sucedido lo impensable. Los desvalidos han ganado, y bien con ellos. Pero la noticia más importante es que los pesos pesados ​​se han derrumbado bajo la presión de la gran ocasión una vez más.

El Manchester City, gran favorito para estos cuartos de final de la Champions, ha perdido. Enfrentando al Lyon, un equipo que terminó séptimo en la Ligue 1 este año, el Citizens se derrumbó, colapsó, cedió. Humillado Una derrota por 3-1 deja a Pep Guardiola y a los Sky Blues persiguiendo ese escurridizo trofeo europeo, y para muchos, el pedigrí del español en las grandes noches bajo las luces quedará más en duda.

¿Por dónde empezar con este?

En todo caso, este juego encapsuló la historia de la Liga de Campeones del Manchester City en 90 minutos. Expectativas altas, esperanzas más altas, pero en última instancia, una combinación de malas tácticas, errores individuales impactantes y decisiones extrañas terminan con sus sueños.

Hay que hacerle preguntas a Guardiola y a su toma de decisiones en cuanto a sus discusiones con la Champions League. Man City se preparó con una defensa de cinco hombres, con Fernandinho sentado en la espalda tres junto a Eric García y Aymeric Laporte. La presencia del brasileño en la zaga permitió que Kyle Walker y Joao Cancelo defendieran más arriba del campo, mientras que él empujaba hacia el medio campo cuando salían al ataque. Ese cambio táctico significó que Ilkay Gundogan y Rodrigo se desplegaron para anclar el medio campo, como Guardiola apostó por un centro sorprendentemente defensivo a su lado. Como era de esperar, ningún invento o creatividad surgió de ese centro en particular.

El entrenador del Lyon, Rudi García, preparó a sus soldados con dos en ataque, aunque el trabajo de Memphis Depay fue mucho más instrumental que simplemente crear oportunidades. La estrella holandesa, un ex fracaso de los rivales del City United, recibió la tarea de marcar al hombre con el metrónomo Rodri cuando los Citizens estaban en posesión, evitando que aceleraran o encontraran un ritmo.

Bloquear esa primera entrada al medio campo obstaculizó significativamente a Man City, que en cambio buscó forzar a Raheem Sterling a perseguir pelotas por el flanco y terminar extremadamente aislado.

Pasó la primera media hora y los favoritos no olieron ni un solo tiro de la rabia. Guardiola se estaba volviendo cada vez más nervioso en la línea de banda, y sus jugadores estaban actuando en una línea similar. Walker estaba visiblemente tenso y comenzó una batalla a pie con Karl Toko Ekambi, mientras que Fernandinho derribó al incontenible Hessoum Aouar para ganarse una tarjeta amarilla.